En días como éste me gusta sentirme mínima. Es bueno cuando me deshago del pesado equipaje que significa el no tener nada que dar.
No tengo pasado, ni presente ni futuro. No tengo experiencia, ni ambiciones ni ocupaciones. Solita me encuentro en mitad de no sé dónde, no puedo competir contra quien tiene camino, planos y ladrillos.
Hay días en que hubiera querido un cuerpo perfecto, mejores aptitudes para la vida, haber recibido una educación distinta, haber tomado mejores decisiones, ser un poco menos rebelde y un poco menos ignorante... pero me he cansado de lamentaciones y de miedos vanos.
Hoy sé que no soy nadie, y si soy, soy poca cosa.
Lo importante es que me he empacado para emprender el viaje con todo lo que quepa: soy todo lo poco que tengo, tengo todo lo poco que soy.





















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