Tu misterioso alguien.

















-¿Lo sabes ya?

La pregunta la descolocó rompiéndole el temple de acero que había conservado desde el primer momento. Sintió de golpe el calor recorriéndole el cuerpo cuando el deseo la tomó por sorpresa. No era nada placentera la sensación que querer apagar ese fuego abrasador nadando desnuda en el fondo de sus ojos. Mirarlos era perderse en esa infinita ansiedad de tocarle, recorrerle, atacarlo a besos, golpearlo con delicadas caricias que le hicieran estremecer. No podía hacerlo ya. ¿Cuánto más habría que aguantar? ¿Valdría la pena tanto esperar un 'te amo' que quizás nunca escucharía?

-No es que no lo supiera antes, lo he sabido todo este tiempo. Sólo es que descubro que siempre hay una primera vez, y una siguiente, y una nueva forma de herirme- pasó saliva ocultando el rostro con su espesa cabellera. Se contuvo.- Y lo peor de todo es que no eres tú quien me lastima: serías incapaz... ... ¡Sin embargo ríes a carcajadas mientras yo sangro apenas visiblemente! Dime, ¿Te excita la sola idea?- Lo enfrentó con la mirada y un silencio denso lo ruborizó. Ella lo miró obviar la respuesta y le aterrorizó chocar contra esa deliciosa perversión que antes tanto le enamorara.-No... te quiero... volver a ver... en toda mi vida- concluyó dolorosamente al tiempo en que gruesas lágrimas inundaban en segundos sus mejillas.
-¿Tanto daño te hago?- murmuró con un dejo de mustia piedad.
-Mucho-

Y diciendo ésto, posó sus labios sobre los suyos...prometiendo que sería aquella, la real y definitiva última vez que lo haría.
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Ojos de Juventud






















Había estudiado todos sus movimientos. Tenía analizada su caligrafía, sus gestos, su timbre de voz, su sonrisa, su silueta. Todo parecía indicar que había dado en el clavo: aquel presentador de televisión que noche a noche informaba en el noticiero era la mano ejecutora detrás de esa serie de asesinatos sin descubrir...pero, ¿quién se lo creería? ¿Quién le creería a ella, modesta periodista de espectáculos sin estudios de criminalística? ¿A dónde llevar la denuncia? ¿Cuál sería su recompensa? ¿Dejar de mirarle en pantalla para no poder visitarlo siquiera en prisión?

Muchas veces antes había tenido la oportunidad de acercarse a él y hablarle, pero lo más importante era esa imagen siempre elegante, pulcra, impecable, inmaculada...rodeada de un séquito de maquillistas, libretistas, camarógrafos, directores, compañeros de set. Había que cuidarla, mantenerla, venderla, perpetuarla. Por eso cada oportunidad se escapaba en el último segundo. Sólo el corazón parecía detenerse cuando a través del minúsculo audífono insertado en su oído, escuchaba su voz mandándola a enlace.

"Estamos aquí a las afueras del concierto..." titubeaba segura de sí, concentrada en trabajar, exterminando la pizca de atención que le robaba ese timbre sedante que hablaba desde el estudio. Parecían eternidades los breves contactos, la amabilísima frialdad con que decía su nombre en cadena nacional. Mirando al ojo electrónico, añoraba esos ojos profundos, la piel perfectamente bien maquillada, el escaso cabello pegado al cráneo con vaselina perfumada, casi podía imaginar que estaba ahí enfrente, pero nunca lo había tenido tan cerca.

El titular del programa nunca salía por la puerta que estaba detrás de las cámaras, donde ella aguardaba pacientemente a que terminara la emisión para después retirarse con la extraña sensación de haberlo visto en persona...y en personaje a la vez. Para sumirse en las fotos, las grabaciones, las revistas, los papeles que sin recordar cómo, tenía escritos de su puño y letra.

Pero aquella ocasión fue extrañamente diferente. Luego de que le fue retirado de entre las ropas el incómodo micrófono, el radiante caballero avanzó hacia ella, como si supiera que le aguardaba siempre detrás de la cámara tres. La reportera lo miró sintiendo una vez más que su pulso se congelaba, no podía aguardar un segundo más a tenerlo cerca, cuando súbitamente pasó de largo y se detuvo sólo a un paso detrás suyo. Reclamó algo incomprensible sobre la sincronía entre el apuntador y el tele prompter, y ella lo escuchó a centímetros, sin respirar.

Después de haber sido llenado de halagos, disculpas y promesas de no volver a cometer el mismo error, el fino caballero guardó silencio unos instantes, como si fuera un escapista que de súbito se hubiera esfumado. Fue hasta entonces que ella volteó, al tiempo en que él retrocedía un paso y se asomaba a reconocer su rostro.

Nunca habían estado frente a frente, nunca se habían saludado de forma directa. Se podría decir que la familiaridad que fingían ante la cámara era un burdo montaje, ya que en realidad nunca habían cruzado palabra, nunca se habían respirado, jamás antes se habían sentido.

Tras largas milésimas de segundo que parecieron años, los espejos del alma dejaron ver futuro y pasado de sus dos vidas, se miraron desde lo profundo, se midieron y se encontraron. Como única respuesta su sonrisa torcida la dejó colgada de un sueño, enlazada a una obsesión.

En un momento incierto, de esos cuyo minuto y segundo exacto son difíciles de calcular, una suave melodía de piano comenzó a escucharse. Violines inquietos y cuerdas de todos los grosores tejían la travesura que casi podía tararear.

Avanzó entre nubes por las calles más transitadas escuchando ese vals en su cabeza, esa melodía jocosa que de un momento a otro le había quitado toda proporción de angustia en la sangre y que la motivaba a avanzar entre la multitud sin tener preocupación ninguna. Le conocía, le conocía perfectamente, lo sabía, lo había comprobado, había leído en sus ojos la verdad de las imágenes que tanto había indagado, su extraño estado taciturno, su fría y desgarradora sonrisa. Los cabos sueltos encajaron perfectamente en la madeja: casi podía sentir en su propia sangre la pasión con la que ejecutaba y la quietud con la que limpiaba sus manos. El violín llorón seguía burlándose de su locura, mientras sus tacones acompasaban su andar sobre la banqueta, con rumbo fijo.

No tardó demasiado tiempo, parecía flotar, percibía una urgencia nunca antes sentida y eso la hizo acelerar el paso. Parecía una especie de embrujo que le había desconectado la percepción de todo sonido hasta que entró al hotel y por fin halló sincronía con la realidad: un pianista ciego ejecutaba Ojos de Juventud en el recibidor mientras un grupo de cuerdas rasgaba con energía el acompañamiento que armonizaba con lo acelerado del corazón.

Se detuvo en seco, entregó su abrigo a la mano que se lo pedía y buscó en ese espacio gigante, lleno de mármol, terciopelo rojo y detalles dorados, al elixir que la haría cómplice, asesina, amante, que la haría sentir viva en el último parpadeo. Parecía que había dado mil vueltas por el lugar sólo con las pupilas, y siempre aparecían las mismas imágenes, provocándole un súbito vértigo en donde se repetía el piano, los músicos, el guardarropa, el recibidor, la cantina, los sillones, el elevador, el restaurante al fondo... detalles todos que se esfumaron cuando una mano tibia se colocó suave sobre su hombro y la giró hasta tenerla a milímetros del rostro. No cabía la menor duda: esa noche le esperaba la muerte. Y ahora sí nadie sabría, nadie más podría descubrirlo. Seguiría matando a capricho y voluntad mientras noche a noche pudiera enamorar a los televidentes con su enorme carisma y credibilidad en la noticia. Moriría esa misma noche, y con ella, el secreto de ambos. La sola idea la llenaba de temblores. La música iba creciendo sin miramientos, alocada, jovial como aquellos ojos, aquellos ojos que la hacían girar en medio de un irónico vals cuyo romance era una farsa, y cuyas notas golpeaban el alma cual carcajadas en medio del terror.

Bailaban, volaban sobre el mármol del recibidor de aquél hotel sin ser conscientes de ellos mismos. Fundidos en estético abrazo de baile ignoraban saber que eran víctima y victimario. Las cuerdas gimieron como preludio al final hasta que se desangró el último acorde. Se unieron, y las últimas vibraciones del piano y los violines llenaron el aire. Él sólo quería besarla. Ella sólo quería morir.
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Naturaleza muerta con insecto (Título mío)


"Yo estuve cerca, ahí, merodeando, olfateando esos escenarios de tu vida y aprendí a admirarte, con salvaje severidad y exótico apasionamiento, hasta consumirme, consumirnos. Yo caminaba de puntitas entre tu saco de terciopelo y el ámbar rojo de Bielorusia de tu madre. Y a veces, hasta me ponía a hacer cabriolas entre las hojas interminables de algunos textos, convencida de que si algún día te quedabas sin hogar, bien podrían pernoctar bajo tus libros y recrear a manera de performance, el Jardín de las Delicias..."

Nayar Rivera
a través de Vania Policanti
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Encuentro.


El dibujo en oro de unos guantes y un collar de perlas, indicaba en la puerta que tras ella estaba el tocador reservado a las mujeres, mientras que un bombín y un bastón del mismo material decoraban la puerta obscura del baño de caballeros.

Ella avanzó hacia el estrecho pasillo temerosa de sí misma. Muy a pesar suyo era consciente del oleaje de atracción que esparció desde el momento mismo en que se disculpó para retirarse de la mesa.

Él dudó algunos segundos, pero el calor que invadía todo su cuerpo le impulsó a ponerse de pie ante la mirada de disimulo del resto de comensales. Caminó pasándose una mano con la nuca y se encontró con la breve distancia que separaba una puerta de la otra. Sólo un espejo de cuerpo entero separaba los dos cuartos de baño, y al verse avanzar engalanado en aquél traje de etiqueta, se detuvo en seco. ¿Qué esperaba que sucediera?

Se miró de pies a cabeza intentando guardar la calma: se gustó a sí mismo. Ni siquiera ella, tan acostumbrada que estaba a arreglarse frente a un cristal, se tomó el tiempo suficiente para ver cómo lucía. Había mirado de reojo su estilizado reflejo al pasar, y ahora se enfriaba las manos bajo el chorro de agua esperando minar el volcán en su pecho.

Refrescó el emergente deseo que surgía cada vez que volvía a verlo, observó complacida el perfecto rojo quemado de sus labios y salió conteniendo la respiración hacia el pasillo en donde de inmediato se encontró con esa mirada provocativa y directa que la traspasaba hasta hacerla sentir recién nacida.

La pesada puerta la empujó a dar el único paso que los separaba en el angosto espacio, y quedó a su merced percibiendo su respiración pausada en su propio aliento. Los labios entreabiertos de dos bocas que extrañaban sentirse emitieron un gemido inaudible a modo de saludo, mientras una discreta mano adornada con brillante anillo de lord exploró su talle. Ya no había más que fingir en aquél sitio. Era un lugar intimista, ideal para ocultarse de todo el barullo de la elegante fiesta que tenía lugar en aquél restaurante.

Nadie parecía pretender siquiera visitar los tocadores, el tiempo se había detenido, y el sonido de cubiertos, murmullos y pasos de repente comenzó a disiparse. Siempre había silencio alrededor cuando se encontraban cerca. No importaba cuán lleno estuviera cualquier sitio, sus oídos se agolpaban en el sonido de sus mutuos latidos, y en el miedo de estallar delante de todo el mundo.

-Vámonos de aquí. Tengo el coche afuera.- Susurró él como en una plegaria. Ella ensayó alguna excusa que no pudo emitir debido a que los labios de él le sellaron suavemente cualquier intención de evadirse. -Shhh... no digas nada.- Y abrazó su mano enguantada conduciéndola directamente a colgarse de su brazo. Salieron orgullosos, afrontando las miradas de cuanto curioso se cruzó en el camino y pretendió sorpresa al mirarlos tomados de esa manera. Él saludaba cortésmente con una inclinación de cabeza y ella sonreía con timidez y rubor en las mejillas.

Pidieron sombrero y abrigo para salir al mundo.

Afuera no había coche tirado por caballos, ni glamour, ni vestidos de época. Era el siglo XXI por la mañana. Cada uno frente a su propia pantalla. Silencio mortal.
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Haciendo maletas para volar

En días como éste me gusta sentirme mínima. Es bueno cuando me deshago del pesado equipaje que significa el no tener nada que dar.

No tengo pasado, ni presente ni futuro. No tengo experiencia, ni ambiciones ni ocupaciones. Solita me encuentro en mitad de no sé dónde, no puedo competir contra quien tiene camino, planos y ladrillos.

Hay días en que hubiera querido un cuerpo perfecto, mejores aptitudes para la vida, haber recibido una educación distinta, haber tomado mejores decisiones, ser un poco menos rebelde y un poco menos ignorante... pero me he cansado de lamentaciones y de miedos vanos.

Hoy sé que no soy nadie, y si soy, soy poca cosa.
Lo importante es que me he empacado para emprender el viaje con todo lo que quepa: soy todo lo poco que tengo, tengo todo lo poco que soy.



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Sí, ando romántica, ¿y qué y qué?

Jejeje... aquí la canción del post de ayer.

AMO EL TANGO!!!! Y particularmente esta pieza, con algunas referencias culturales. Que lo disfruten!!!


Colombia es un país que tiene la particularidad  de tener 5 o 6 regiones culturales que son muy distintas entre sí. En la región paisa y Bogotá, el Tango fue apropiado por la clase trabajadora y encontró un lugar destacadísimo en la música popular, transformando aquella que se escuchaba previamente. El Tango fue entonces la música de la taberna, del jornalero, del prostíbulo, la música del pueblo... tal y como sucedía en Buenos Aires y Montevideo.

Tres hechos para tener en cuenta:

1. Una de las novelas más importantes del gran escritor Manuel Mejía Vallejo se titula Aire de Tango y es una representación de la Medellín de hombres bravos y tangueros de mediados del siglo pasado.

2. Hay hoy un número creciente de jóvenes de Medellín y Bogotá que reviven el amor colombiano por el Tango, y Carlos Gardel murió en Medellín, después de haber ofrecido un recital en dicha ciudad.

3. Las imágenes pertenecen a la historia de Fernando Gaitán, "Café con Aroma de mujer", telenovela colombiana de la cual se desprendieron adaptaciones mexicanas muy menores como "Cuando seas mía" (Televisión Azteca) y "Destilando Amor" (Televisa). De esta última versión, se desprende el sobrenombre de quien la protagonizara, una actriz que actualmente sueña con ser la primera dama de México en el 2012: "La Gaviota"

¡Hasta dónde hemos llegado, Dios mío!


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Mal de amor

La noche era inmensamente fría en las calles porteñas. Los tacones de los zapatos chocaban contra las baldosas mientras la luna acompañaba sus pasos como el seguidor de un cabaret. Se abrigó el pecho consciente de la provocación del escote que esperaba la hora de ser lucido y acunar la calidez de alguna mirada.

Parecía tener tatuada la minga, sin embargo, entre las cejas. Un ceño marcado a manera de lunfardo defensivo, último recurso de una extranjera perdida en un barrio bajo de Buenos Aires.

Se apostó en la entrada del viejo bar que combinaba con el atuendo elegido esa noche. Encendió un cigarrillo, abrazado a la larga boquilla que le hacía lucir como espectro de años pasados. ¡Dónde es que esta mina habrá aprendido las costumbres de esta tierra! se preguntarían, entre signos de admiración. Seguramente los discos de Gardel, las películas viejas, las fotos de antaño, la vestimenta tradicional urbana que ha hecho famoso al argento en el mundo. '¿Quién se viste así hoy en día, che?', parecía escuchar los murmullos de los linyeras atiborrados en la entrada del barcillo, conminados a observar por la ventana y embriagarse con los tragos de la imaginación.

¡Qué estaré haciendo aquí! se preguntaba en un gesto de exclamación, con total ausencia de expresión en el rostro.

Separó los labios con suavidad para inhalar el humo, consciente del carmín y de la expectativa que las formas a capricho del aire provocaban a los asistentes....entonces le escuchó: junto al piano del bar, copa en mano, alegaba al músico en turno que tocara una canción.

-La desconozco, caballero. Esa letra ha de ser colombiana, no argentina como vos decís.

Con semblante de hartazgo el susodicho dio la media vuelta y apuró el trago para ahogar el último sorbo en su garganta en el justo momento en que encontró aquella mirada. El pianista comenzó a golpear con sus dedos las breves percusiones que arrancaron un sonido extraño, como si de pronto el director imaginario de esa escena hubiera ordenado la música para acompasar el sorpresivo encuentro.

Casi como un reflejo ella abandonó la boquilla y se descubrió el pecho. Parecían un espectáculo creado, una especie de gavión perdido en tierra ajena, encontrando a su compatriota, su pasado, su dolor. Vestido al parecer inspirado en las mismas cosas que ella, se acomodó el sombrero y le ofreció la mano. Justo entonces el pequeño bandoneón se apoderó de su ejecutante marcando el ritmo cadencioso e hipnótico que los atrapó al juntar sus cuerpos en un violento acercamiento.

Quién sabe hasta cuándo
yo seguiré esperando
que cambie mi suerte
o venga la muerte
y me arranque de un tajo este sufrido amor...

Una vuelta que culmina en abrazo, los latidos se empiezan a acelerar. Los linyeras en la ventana de la calle han enmudecido para presenciar el amasijo de esos dos viejos amantes.

Quién sabe hasta cuándo
yo seguiré esperando
que acabe esta pena
que siembra su huella
de llanto por las noches como una maldición.

Piano y bandoneón parecían recordar las armonías de vidas pasadas para que al unísono, y con agitado aliento los dos extranjeros dejaran salir por la garganta esas palabras que hasta entonces sólo resonaban en sus cabezas, mareándolos como aguardiente.

¡Mal amor!,
que te cruzaste en mi camino,
que has marcado mi destino,
¡Mi alma sangra de dolor!

¡Mal amor!,
tomaste de mi vida lo mejor,
rompiste en mil pedazos la ilusión,
¡Que el cielo te perdone tu traición!

Y en un abrazo casi funesto, la rodilla masculina hace las veces de descanso para sentar a su hembra, mientras con delicadeza ardiente respira sobre su oído y recorre su talle. ¡Qué bien podría olvidarse en tres segundos la voz de Don Carlitos, eterno en el alma y en el tiempo de Argentina! ¡Que veinte años no es nada ni aquí ni en el mundo!

Si por más que intente
no logro olvidarte,
y si el olvidarte
es peor que la muerte,
yo esperaré la muerte como una bendición.

¡Y la Libertá Lamarque! ¡La minga d'ella no es más que el sufrir tatuado en el ceño! ¡Que nunca acabe esta noche para que un par de norteamericanos vengan a decirnos lo que duele amar!

Si por más que intente,
no logro olvidarte,
y si el encontrarte
es mi perdición,
perdida entre tus brazos,
me rindo ante tu amor.

Sendas lágrimas ruedan por las mejillas de ambos sin errar ni una sola nota, sin despeinar un solo cabello, sin buscar el beso tan anhelado y tantas veces a punto de acontecer.
¡Mal amor!,
que te cruzaste en mi camino,
que has marcado mi destino,
¡Mi alma sangra de dolor!

¡Mal amor!,
tomaste de mi vida lo mejor,
rompiste en mil pedazos la ilusión,
¡Que el cielo te perdone tu traición!

¿Quién no ha presenciado un orgasmo compartido desde la segura ventana de un cuarto de hotel, o de una televisión? Infarto al miocardio al mismo tiempo, seguramente no.
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Fish and blog, flesh and blood

Inicia el año y aún hay pendientes por resolver. Se me han juntado dos o tres que apilados forman una montaña de ideas, movimientos y atenciones que debo proceder a empezar para terminar lo que quedó en el tintero.

Comencé escuchando la cantidad de muertos que hubo el año pasado en mi país: aproximadamente diez mil en números oficiales, más de treinta mil en números tentativos.

Las vacaciones fueron casi radicales, decidí no enterarme de noticias trágicas, descansar de las preocupaciones y dedicarme a hacer limpieza de casa, abrazar mucho, comer de más. Los papeles se juntaron en un rincón, los archivos guardados en una remota carpeta que no alterara la ilusión de paz de la que me hice rodear durante dos semanas; la ropa sucia fue saliendo de la lavadora en un ritual purificador, al mismo tiempo que la brocha iba cubriendo las partes sucias de las paredes y los muebles iban cediendo espacio a una nueva ruta energética.

Descansé de la compañía de mi madre, fiscal mayor de mis quehaceres, la extrañé, volví a amar su voz y decidí aferrarme de ella para mejorar la convivencia. Anduve en fachas sin el peso del maquillaje y de los zapatos altos, jugué en internet y dejé de pronunciar palabras como cabaret y psicología.

Mañana vuelvo al trabajo, vuelve la prisa diaria, la rutina...y también los sueños. Vuelve el noticiero de las mañanas, los titulares de los diarios, la información oportuna que no me deja engañarme a profundidad, la conciencia social, la fantasía de poder hacer algo por salvar al pedazo de mundo al que puedo llegar.

2011 no pinta bien, igual que el 2010 no lo hacía, ni el 2009, ni los anteriores. Lo cierto es que funciona: decidir ser feliz, sortear la adversidad, "aguantar vara" como se dice, procurar la propia estabilidad, el propio crecimiento, mantenerse en resistencia, en avanzada. Tan ha sido así, que los últimos dos años, duros y revolucionarios como fueron, se pasaron más rápido que un suspiro, más que una bala, más que un temblor, más que una sonrisa.

Habrá crisis económica, se anunciaron alzas en los precios y en los impuestos, se anuncia que mi trabajo es escaso, y las oportunidades, limitadas. Sin embargo, aquí sigo, aquí he llegado. Quiero amar lo que tengo y aceptar de buena gana lo que venga, trabajando por lo que quiero.

Es lugar común y por tanto, aburrido, hablar de buenos propósitos, pero de pronto cuando uno estrena blog, se presenta la tentación de escribirlo, y aquí comienza la degustación de los días. A ver qué me depara el destino...


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Smells like hope


I have desires of watching my own image into your eyes' deepness, and find that you realize the change in me... I do not care that when i am by your side, i still feeling myself like a child who lacks life and world.

It´s just a latent desire, which apparently does not want fulfilled, something that i'm afraid to perform: a crash of glances: my hot ground against your frozen ocean...i do not want to happen.

I would want you like a whirlwind, a lot of waves crashing into my solid rock, stroking each other, feeling that one is to wet the other, while this fulfills its mission to contain his fury. So we both...

Although you're farther away than usual, my hands are throbbing, they’re thinking that you're here,vibrating in the notes of a song that was not possible: Some Things Are Meant to Be ...

I want to sing for you and to shine. It's a dream ... i do not know the taste.
Happy New Year, Love





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1.1.11




Hoy es un día especial. Inicio este blog y no sé qué voy a escribir. Sólo sé que quiero tener buena actitud...


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Hortensia Martínez Design by Insight © 2009