Irremediable

Quiero tenerte un
día entero para mí: amanecer juntos, compartir la comida, la cama, una película, pasear por algún lado con las manos libres para abrazarnos en cada oportunidad, llenarnos de besos, no tener prisa, amarnos despacio, cobijarnos del frío y sudar el mismo calor. Dormir contigo como alguna vez lo hicimos: tomados de la mano y respirando pacíficamente.

Pero qué bueno que no ha sucedido... luego por eso a la gente le entra la friolera de querer casarse y tener hijos. Suficientemente embobada estoy con lo poco que comparto contigo. Imagínate tú: ya hasta puedo decir que te amo. ¡Qué miedo!
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Soy

Soy quien soy y valgo por eso mismo.
Soy quien soy aún cuando no estás, cuando te extraño, cuando te recuerdo y sonrío.
Soy quien soy aún cuando me enojas, cuando no existes en mí.

Soy importante gracias a tu amor y tus palabras, pero también lo soy a pesar de ello y para siempre.

Estoy completa aún sin ti dentro de mí.

Soy ternura y perversión, igual que tú.
Soy inocencia y pasión, somos los dos.

Soy, somos, eres. Es.
Te amo hoy. El mañana nunca existió.


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Explicaciones

De esas veces en que te repites insistentemente en la cabeza: "no quiero ir al blog porque sólo tengo ganas de hablar sobre una sola cosa que a nadie le importa" y al final decides venir y escupir que estás idiotamente ilusionada, que si esto no marcha sufrirás otra vez como puerco en matadero, pero que cada vez te convences más de que él era lo que estaba esperándote al final de ese trayecto que acabas de pasar y que al mirar atrás se ve infinitamente lejano.

Hoy estás con él... lo que sea que esto signifique. Y te trata como un ser humano, como mujer, como ser pensante, como ser sensible. No te trata como princesa porque te hace esperar y te desespera, no te trata como zorra porque te abraza y enjuga tu llanto. Pero a la vez te hace sentir la princesa y la zorra más felices del mundo cuando ambos deciden que puedes jugar a serlo.

Te tiene en sus manos.
Sientes miedo.
Ves venir el apretón de puño que otras veces te ha hecho papilla.
Te sabes en sus manos.
Te arrinconas entre sus dedos, te haces pequeña, esperas la opresión como chinche acorralada.
Te observas en sus manos... ¡¡ves la sombra de su dedo acercarse y presagias la sangre, tiemblas!!
...entonces sientes la caricia que sólo se hace a un pajarito herido que acaba de caer del árbol y que alguien cobija para ayudarle a volar de nuevo.

Sólo quieres lamer esa mano como perro agradecido.
Algo más sabio que tú te dice que nunca será capaz de golpearte.

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En el alambre

Vengo a escribir aquí después de mucho tiempo. Debo confesar que me atraparon lo efímero de twitter y la cantidad de seguidores en facebook. Acostumbrada a la interacción inmediata de mis 'amigos facebookeros' o al vómito siempre ignorado -cual debe ser- del pajarito azul; venir a este blog que casi nadie lee, que casi nadie conoce, francamente me daba flojera.

Escribir en mi blog me requiere otro tipo de ánimo y de discurso, pero cuando uno se acostumbra a la pequeña celda de 140 caracteres o a la caminadora eléctrica del '¿Qué estás pensando?'; venir a correr al campo abierto del blog es como asomarse al buen tiempo que hace afuera a través de la ventana, y aún así poner una película en el DVD para echarse a comer palomitas.

Evasión le llaman.

Porque no es que no haya tenido nada que decir en todo este tiempo. Traigo adolorido todo el sistema límbico práticamente desde que iniciaron las campañas electorales de este canijo año, sin contar los chicotazos que he recibido en cuestión de afectos personales.

Tuve la esperanza, como muchas personas, de que las cosas cambiarían. Creí ingenuamente en el poder de la gente, de la juventud. Educada en el misticismo y el melodrama, pensé que esto tendría un final esperanzador, que se abriría de un momento a otro el cielo y que el fin de los tiempos vendría cargado de una posibilidad de paz y recompostura de todas las cosas. Confié en que las teorías conspirativas podrían no ser más que cuentos para espantar niños y que la maldad no existía más allá de las películas de Mario Almada.

Se le conoce como autoengaño.

Y por enésima vez creí en el amor...pero no sé cómo se le dice a eso.

El chiste es que en estos últimos meses me siento casi incapacitada para expresar mi opinión sobre asuntos en los que antes me metía hasta la cocina, así de inconsciente, así de bruta siempre... hoy creo que estoy sedada de mi inquietud por querer explicarme las cosas. Ya no quiero explicarme nada. Pero tampoco quiero entregarme al hedonismo puro, no me nace.

Me miro en los ojos de las personas que me rodean, esas que pese a mis esfuerzos inútiles no puedo dejar de querer, y en unas miradas más que en otras quisiera quedarme a vivir por mucho tiempo.

Estoy en medio de la nada, creciendo... y dicen por ahí que eso no tiene cura.
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Hortensia Martínez Design by Insight © 2009