Vengo a escribir aquí después de mucho tiempo. Debo confesar que me atraparon lo efímero de twitter y la cantidad de seguidores en facebook. Acostumbrada a la interacción inmediata de mis 'amigos facebookeros' o al vómito siempre ignorado -cual debe ser- del pajarito azul; venir a este blog que casi nadie lee, que casi nadie conoce, francamente me daba flojera.
Escribir en mi blog me requiere otro tipo de ánimo y de discurso, pero cuando uno se acostumbra a la pequeña celda de 140 caracteres o a la caminadora eléctrica del '¿Qué estás pensando?'; venir a correr al campo abierto del blog es como asomarse al buen tiempo que hace afuera a través de la ventana, y aún así poner una película en el DVD para echarse a comer palomitas.
Evasión le llaman.
Porque no es que no haya tenido nada que decir en todo este tiempo. Traigo adolorido todo el sistema límbico práticamente desde que iniciaron las campañas electorales de este canijo año, sin contar los chicotazos que he recibido en cuestión de afectos personales.
Tuve la esperanza, como muchas personas, de que las cosas cambiarían. Creí ingenuamente en el poder de la gente, de la juventud. Educada en el misticismo y el melodrama, pensé que esto tendría un final esperanzador, que se abriría de un momento a otro el cielo y que el fin de los tiempos vendría cargado de una posibilidad de paz y recompostura de todas las cosas. Confié en que las teorías conspirativas podrían no ser más que cuentos para espantar niños y que la maldad no existía más allá de las películas de Mario Almada.
Se le conoce como autoengaño.
Y por enésima vez creí en el amor...pero no sé cómo se le dice a eso.
El chiste es que en estos últimos meses me siento casi incapacitada para expresar mi opinión sobre asuntos en los que antes me metía hasta la cocina, así de inconsciente, así de bruta siempre... hoy creo que estoy sedada de mi inquietud por querer explicarme las cosas. Ya no quiero explicarme nada. Pero tampoco quiero entregarme al hedonismo puro, no me nace.
Me miro en los ojos de las personas que me rodean, esas que pese a mis esfuerzos inútiles no puedo dejar de querer, y en unas miradas más que en otras quisiera quedarme a vivir por mucho tiempo.
Estoy en medio de la nada, creciendo... y dicen por ahí que eso no tiene cura.