
Heme aquí de nuevo, iniciando otro año acomodando mis blogs, mis archivos, mis fotos, mi vida.
Y no puedo evitar pensar en él como un fantasma que se presenta intermitentemente, chocarrero, involuntario.
Preparo mis botas de lluvia desde ahora porque seguramente será necesario esquivar los charcos de un periodo de vida en el que no dejará de llover sobre mojado. También las empaco porque tienen suela pesada, garantía de que me tendrán más cerca del suelo cuando empiece a ganar altura sin paracaídas, pero afortunadamente son suaves y cómodas, un calzado que se acomoda perfectamente a mis pies, pues no me deja tener ni cascos ligeros ni pies de plomo. Andaré con cautela nada más... aunque lo extrañe, aunque muera por verlo.
Trabajar, trabajar, trabajar, trabajar y gozar de la vida. Quizá aparezca de nuevo por ahí, quizá pronto esté más cerca físicamente aunque igual de lejos que siempre... bah! puros lugares comunes...
El chiste es que empiezo a hacer maletas hoy, vuelo mañana con mis botas rosas, y no me las pienso quitar: creo en la vida, creo en el arte, creo en el amor, y sigo creyendo en mí. Cada vez más, eso es lo indispensable para cualquier clima, botiquín de primeros auxilios para cualquier itinerario.
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