Tu semilla


A unos les obsequiaste una flor... crecida y rozagante. La tomaron con ojos ambiciosos y sin más la dejaron morir justo en la maceta que decoraba su cuarto obscuro. Quizá todavía guarden sus pétalos entre las páginas de un olvidado libro, al cual acudirán algunas veces para recordar su enervante aroma y sonreír satisfechos.

A mí sólo me tocó una semilla...

La tomé y contemplé largamente entre mis dedos: tan insignificante, tan dura y tan hueca.

Lloré amargamente por la injusticia en la repartición, y la empuñé con rabia, deseando triturarla, desaparecer para siempre cualquier rastro suyo... pero era tan minúscula que sólo conseguí enterrar mis uñas en la palma de la mano que empezó a sangrar. No podía hacerle daño sin hacérmelo yo también.

Así decidí llevarla como amuleto, muy dentro del corazón.

A veces acudía a ella para cerciorarme de que no hubiera muerto entre el volcán de lava que la contenía, pero milagrosamente ahí seguía, cobijada por mi fuego, caprichosa, aguantadora. Noté que entre más actividad tenía ese volcán hirviente, sigiloso y temperamental, más al rojo vivo se volvía, y si mis ojos no me engañaban, estaba creciendo, haciéndose fuerte como la roca, consolidándose como nativo perfecto del travieso responsable de mis latidos y los rumbos de mi sangre.

Floreció.

Hoy me preparo con serenidad sonriente a cosechar los frutos que su árbol lleno de flores ya promete regalarme.

Gracias infinitas por la mágica semilla.

Los frutos serán producto del alimento de mi propio corazón.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Recibo con gusto tus comentarios respetuosos en esta y cada una de mis publicaciones. Muchas gracias por darme a conocer tu visita y hacerme saber tu opinión.

 

Hortensia Martínez Design by Insight © 2009