
No me quiero preguntar por qué pasan las cosas.
Cualquiera contestaría desde el sentido más común y la lógica más pueril que 'las cosas pasan por algo'.
Tampoco quiero preguntar por qué a mí.Soy responsable de todo cuanto me sucede: todo está en la mente, y no en el corazón que a veces sorpresivamente se me suelta de la rienda y se desboca, arrastrándome por todo el camino y dejándome raspada, torturada casi hasta la muerte.
Tampoco quiero hablar de la muerte. En estas últimas semanas he tenido la sensación de que hasta la sonrisa, el placer y la ilusión... duelen. Me duelen.
Muero yo, mueres tú, morimos nosotros, mueren ellos... y segura estoy de que todo muere para convertirse en otra cosa: una enseñanza de vida, un dolor que se tornará aprendizaje, un foco rojo que moverá a la acción, lo que sea. Es sólo que no sé en qué me convertiré yo... porque no sé desde cuándo estoy muriendo, porque sigo sin saber si quiero ser o no.
Y no quiero hablar de mí. A nadie le importa, es probable que aburra. Estoy sola. Cada cual con su vida, sus sonrisas, sus placeres, ilusiones y dolores, cada quién. Lo que me pasa no es lo más preocupante. Ojalá pudiera seguir pensando en los otros y sedando lo que siento yo, pero estoy en el límite...




















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