
Me vi atravesar el túnel lleno de adrenalina...no sabría explicar si sentía furia o pavor. Sólo sé que la sangre se agolpaba entre mis ojos y me hacía bufar excitado, obligándome a correr hacia donde la luz me guiaba.
Ahí, por esa pequeña rendija pronto se abriría el portal y entraría en la arena para hacer lo que otras tantas veces: ya sabía lo que era encontrarse ante una multitud bulliciosa deseando verme caer. Aquél molesto manto aparecería ondeando en alguna parte, y yo correría tras él sin tener más armas que la fe en mi propia cabeza, en su fuerza, en su capacidad de silenciar aquellas voces morbosas que sólo conocían mi nombre como mero trámite espectacular.
Tenía que jugar el juego para el cual había sido hecho. Ya no podía decir que no y encerrarme en una fría esquina. No podía...no quería morir viejo y oxidado en un rincón húmedo y obscuro. Me llamaba ese traje radiante que brillaba con el sol. No me importaba que mis ojos se cegaran por momentos ante su belleza, ni que mis sentidos se aturdieran a causa de una ovación que no era para mí. Yo ya estaba en el ruedo. Con toda mi furia corrí atendiendo esa urgente provocación y seguí de largo. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué reían y aplaudían este fracaso? ¿Por qué llovían flores como en un funeral, mientras yo sudaba frío y observaba sin entender los rostros borrosos y el movimiento difuso de aquél capote que me llamaba a lo lejos a hallar un momento de gloria? Corrí.
Mi primera intención fue ignorar el movimiento, no jugar el juego, sabía que habría más dolor...pero mi naturaleza fue más fuerte y sucumbí. De nuevo seguía de largo sin lograr entender por qué mi cabeza no lograba topar contra nada sólido, enterrarse, desgarrar. No era como antes me habían contado: decían que en el ruedo, mientras uno persistiera, llegaría el momento en que toda esa gente guardaría silencio: sería un momento sublime, enorme. Cuando la gente callara querría decir que yo habría ganado... pero eso nunca antes me había sucedido, y esta vez no iba a ser la excepción: corrí varias veces, cabeza poderosa al frente, fuerza de por medio, valor e inconsciencia. Choqué contra el aire, me agoté. Rasqué la tierra procurando sentir la frescura de pisar en firme y bufé de rabia. Volví la mirada hacia la entrada que conducía de vuelta al túnel obscuro y desistí en regresar. Ya no había marcha atrás: era eso, o la penumbra del olvido. Seguiría.
Los gritos seguían aturdiéndome seriamente, como un inasible absurdo. ¿Por qué gritan? ¿Por qué cada vez que yerro cantan dos sílabas al unísono y celebran el traje de luz?
...¡ahí está de nuevo ese horrendo movimiento ondulante del manto que apenas distingo en la distancia! ¡Ya no puedo! ¡Quiero echarme aquí y mirar detenidamente a esa multitud que me rodea: reconocer cada rostro, estudiar cada risa, perderme en cada mirada, que me vean por una vez! Porque los ojos de todos se pierden en el traje hermoso que sigue lastimando mi vista cada vez que lo roza el sol...es su maniobra para burlarme, para salir triunfante con estrategias clásicas de lucimiento personal lo que aplauden todos.
¡¡¡Qué dolor!!! ¡Alguien ha herido mi espalda y siento mi mente girar! Estaba a punto de la locura, pero sangrar me libera, clarifica mi visión de las cosas. El fin se acerca. ¡Ahora quiero volar hacia las gradas y hacerlos pedazos con mi potente cabeza, callarlos y hacerme respetar! ...pero no puedo, mi voluntad no alcanza. Algo me dice que ellos fueron hechos para eso, que ese es su papel en el juego en donde una vez más, me ha tocado morir. Embisto y pierdo... en este ruedo, siempre he perdido.
Presumiblemente hay dos seres en la arena: el que piensa y el que siente, pero el segundo no importa. Eso es lo que habría que ver.
Cortan partes de mi cuerpo, esto no es nuevo. Una vez más muero en este obscuro cuarto frío y húmedo, mientras el brillante matador ostenta en el ruedo el trofeo de la victoria. Me han dañado, me desangro... tirito de frío mientras dejo a la Muerte llegar para abrazarme y pienso: ¿qué otro ruedo pisaré mañana? ¿quién será mi matador? ¿hasta cuándo dejaré de morir mientras los otros ríen?
Insensibles... yo aquí no sólo siento: pienso...y seriamente pienso en no dejar de perseguir la luz...




















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